Si muero sobreviveme con tanta fuerza pura
que despiertes la furia del pálido y del frío
de sur a sur levanta tus ojos indelebles,
de sol a sol que suene tu boca a guitarra
No quiero que vacilen tu risa ni tus pasos,
no quiero que se muera mi herencia de alegría,
no llames a mi pecho estoy ausente
Vive en mi ausencia como una casa
Es una casa tan grande la ausencia
que pasarás en ella a través de los muros
y colgarás los cuadros en el aire
Es una casa tan transparente la ausencia
que yo sin vida te veré vivir
y si sufres, mi amor, me moriré otra vez
Pablo Neruda
martes, 23 de septiembre de 2008
viernes, 19 de septiembre de 2008
Celebración de la fantasía.

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca
de Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinasde piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo,se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podíadarle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no séqué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano. Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos, lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasmao un dragón. Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca: -Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo.-¿Y anda bien? -le pregunté.-Atrasa un poco -reconoció.
El Libro de los abrazos.
Eduardo Galeano.
de Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinasde piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo,se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podíadarle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no séqué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano. Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos, lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasmao un dragón. Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca: -Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo.-¿Y anda bien? -le pregunté.-Atrasa un poco -reconoció.
El Libro de los abrazos.
Eduardo Galeano.
jueves, 4 de septiembre de 2008
ESCRIBIR
Escribir es pensar, es imaginar, escribir es sentir, escribir es confiar en nuestra intuición, en lo que nosotros y solo nosotros tenemos que contar. Y, por supuesto, escribir es aprender y dominar las técnicas y recursos que nos permitan convertir esas experiencias en textos que interesen, diviertan y conmuevan a los lectores; el oficio de escritor, en definitiva.
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